Hoy tuve una epifanía…
Terminando mi café cargado de 3 balas (3 shots de espresso) ya que yo no juego a la ruleta rusa (eso es de cobardes), mi mente, muy probablemente afectada de tal cantidad de cafeína, empezó a correr precipitadamente como queriendo con total seguridad ganar la carrera de 200 metros.
Empezó confundiéndome al preguntarme: ¿Por qué elegimos creer en lo que creemos? ¿Es realmente una elección o una situación aprendida? (¡Oh sí! Culpemos a la naturaleza del hombre)
Quizás la falta de tolerancia que nos orilla a criticar las conductas humanas diferentes a las nuestras sea una reacción natural causada por la inercia de nuestro subconsciente.
Una vez me dijeron: Critica pero descubre primero. Critica pero infórmate de tal manera que tus torpes palabras no se topen con la Esfinge de Tebas y tu existencia sea disuelta en lo desconocido…y pobre de ti cuando te encuentres flotando en esa nada de tu ignorancia.
A diario oigo ataques, burlas, referencias sarcásticas hacia todo (móvil o estacionario), sin distinción, sin culpa, y sobre todo sin pensarlo dos veces. Tal murmullo ensordecedor me empuja al borde de la desesperación.
Sí, lo razonable sería decir que es una revelación cultural completamente normal en nuestra sociedad medio podrida, medio con ganas de alcanzar, siquiera con las yemas de los dedos, esa “mejor realidad” texturizada que existía hasta hace poco.
Permítanme dejarlos en fricción con el beneficio de la duda y emprender en un viaje con distintas paradas. Qué tal si lo llamamos “El Crucero del Barman” (célebre personaje que tiene la capacidad de combinar bebidas de acuerdo a su posible post-sabor y la graduación deseada para elaborar cócteles mágicos que nos hacen hacer lo impensable).
Es entonces que propongo pongan su existencia en mi vaso mezclador por unos minutos más.
Au contraire, como diría Voltaire, en palabras de justo versus razonable, la injusticia social de la que somos partícipes a diario es quizás un manifiesto de la falta de educación, un primer síntoma del cáncer que crece en el núcleo de nuestra sociedad. Por otro lado, eso no justifica la falta de interés que existe dentro de cada uno de nosotros al reprimir nuestros deseos altruistas y esconderlos detrás de un “todo el mundo lo hace, por qué yo no”.
Constantemente llamo al despertar. Constantemente, y espero no en vano, pongo mis esperanzas en manos de todos ustedes, gente con poder incomprendido, gente que nació con la palabra “Independencia” tatuada detrás de sus rostros, gente de valor.
No emulemos el pasado, tomémoslo como experiencia irrepetible. No imitemos conductas, propongamos mejoras todo el tiempo. No critiquemos, aprendamos de la diversidad, sobre todo de la nuestra.
¿Qué mal artículo o nos quedamos pensando?
