Hoy tuve una epifanía…
Llegué a mi casa para ver en el buzón un par de revistas de las tiendas Liverpool promocionando artículos para esta temporada navideña. Abrí los paquetes, fojee las revistas y me fui sumiendo en este mundo irreal de las compras mentales.
Me imaginé con un abrigo genialísimo puesto, a un precio totalmente accesible e intolerablemente fashion. Me sentí otra víctima del monstruo más grande llamado (no gobierno) el mercado.
El pensamiento libre fue altamente promovido alrededor del siglo XVIII por ciertos filósofos ilustrados que rechazaban la autoridad, la tradición y los dogmas como bases de la conceptualización objetiva, estableciendo que solo la ciencia, la lógica y la razón deberían formar las opiniones de las personas.
En nuestra época, es otra la ideología que está siendo promovida por pensadores, quizás no ilustrados, pero no con menos perspectiva: el mercado libre, que lejos de ser la sombra del pensamiento libre, es en definitiva un primo no muy lejano de él.
Ambos evitan una autoridad.
¿Existe realmente un mercado (incluso un pensamiento) donde no haya coerción alguna?
Siempre que voy a una tienda departamental o un centro comercial me siento ahogada de publicidad en un océano donde hasta el pez más pequeño lucha por no desaparecer.
Todos estos establecimientos están siempre llenos de gente, a pesar de las realidades relativas a cada persona, por más que el poder adquisitivo de las mismas se haya visto mermado por esta economía inestable que estuvo en crisis hace poco tiempo, estos lugares siguen llenos gracias a esa irrevocable satisfacción pasajera que provocan en el público.
Felizmente (porque decir lamentablemente me haría ver como una insufrible pesimista) el consumismo forma una parte sana de nuestras vidas: Es un ciclo, o un círculo vicioso más bien…
El consumo forma parte del PIB del país, y es el PIB el que demuestra el nivel de crecimiento de una economía, es decir, es una medida de bienestar económico. Si el país se encuentra bien, la población tendría acceso, en teoría, a mayores beneficios.
Esto hace al consumismo una medida inconciente de auto preservación.
Si queremos seguir coexistiendo con un mundo que se encuentra en constante evolución y que venimos siguiendo desde la prehistoria, sugiero nos adaptemos a estas características del nuevo mundo que, a pesar de causar fricción si las miramos tan de cerca, es conveniente saberlas a vivir por siempre en la hipermetropía.
Necesitamos entenderlo todo.
¿Comprar o no comprar? Ahí no hay dilema.


